EL CANGURO DIGITAL

Literatura, arte y cultura en versión portátil

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Para leer fragmentos de algunos textos del libro Cuenta regresiva, del autor Jairo Andrade abra el canguro: 

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La náusea en blanco y negro

Una mano trémula ahora lograba interrumpir esa —cómo decirlo con anestesia, ¿tal vez hibernación?— astuta pereza que lo sostuvo durante décadas, detenido por dos argollas y dos ganchos. Ya casi incluso había olvidado la totalidad de su extensión, la arquitectura dócil de su cuerpo. Reanimado por el pulso mórbido del inspector, al ejemplar le bastó el crujido de su primera plana para volver a ser esa versión del 24 de julio de 1973, cuando olía a tinta fresca y los guantes de la bibliotecaria buscaban, antes de la perforadora y los ganchos, la misma página a la que ahora el detective llegaba con su lupa.

 

Cuenta regresiva

Aún tenía cinco minutos y veintitrés segundos. Me decidí a tocarlo con el índice. No hubo respuesta aparente. Estaba bien: si era orgánico, probablemente estaría muerto. Tras una breve espera resolví levantarlo, lo dejé en la palma de mi mano. Al removerlo un poco, una densa agitación líquida me respondió desde adentro. Se me congeló la médula: ¿estaba vivo y al acecho?, ¿preparaba un ataque? La imagen de lo que podría habitar tras ese apacible aspecto se materializó en mi mente como un grotesco cruce de gusano, dragón y perro. Mi corazón contrapunteó, la temperatura de mi sangre descendió y, quizá debido a la falta de oxígeno, concebí aquella desproporcionada idea, como una emancipación fugaz.

 

Anestesia local

El rastro de la anestesia alojada en mis maxilares produce cada tanto leves cortocircuitos que se extienden por mi columna hasta llegar a las piernas. Allí el hormigueo se intensifica de tal manera que me parece tener muslos y pantorrillas burbujeantes, caminar por las calles de Tokio provista de plácidas piernas líquidas, piernas de champaña. Resulta curioso que un simple tratamiento odontológico, con las incomodidades que implica, pueda convertir un paseo en una experiencia tan placentera.

 

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UNA HABITACIÓN PROPIA, DE VIRGINIA WOOLF

¿Quién escribe sobre las mujeres?

Woolf empezó su investigación sobre el tema “las mujeres y la novela” en la Biblioteca del Museo Británico, adonde llegó para informarse sobre lo que se había escrito acerca de las mujeres. Y descubrió dos cosas fundamentales: la primera fue la cantidad asombrosa de libros que hablaban sobre mujeres; la segunda, que casi todos habían sido escritos por hombres. Bitácora.

Para leer un fragmento del capítulo 6 de Una habitación propia, de Virginia Woolf, abra el canguro: 

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CAPÍTULO 6

Al día siguiente, la luz de la mañana de octubre caía en rayos polvorientos a través de las ventanas sin cortinas y el murmullo del tráfico subía de la calle. A esta hora, Londres se estaba dando cuerda de nuevo; la fábrica se había puesto en movimiento; las máquinas empezaban a funcionar. Era tentador, después de tanto leer, mirar por la ventana y ver qué estaba haciendo Londres en aquella mañana del 26 de octubre de 1928. ¿Y qué estaba Londres haciendo? Nadie parecía estar leyendo Antonio y Cleopatra. Londres se sentía del todo indiferente, según las apariencias, a las tragedias de Shakespeare. A nadie le importaba un rábano —y yo no se lo reprochaba— el porvenir de la novela, la muerte de la poesía o la creación, por parte de la mujer corriente, de un estilo de prosa que expresara plenamente su modo de pensar. Si alguien hubiera escrito con tiza en la acera sus opiniones sobre alguno de estos temas, nadie se hubiese inclinado para leerlas. La indiferencia de los pies presurosos las hubiera borrado en media hora. Por aquí venía un mensajero; por allá una señora con un perro. La fascinación de la calle londinense consiste en que nunca hay en ella dos personas iguales; cada cual parece ocupado en algún asunto personal y privado. Había la gente de negocios, con sus pequeñas carteras; había los paseantes, que golpeaban al pasar los enrejados con sus bastones; había personas afables a quienes las calles sirven de sala de club, hombres con carretones que gritaban y daban información que no les pedían. También había los funerales, a cuyo paso los hombres, recordando de pronto que un día morirían sus propios cuerpos, se descubrían. Y luego un caballero muy distinguido bajó despacio los peldaños de un portal y se detuvo para evitar una colisión con una dama apresurada que había adquirido, por un medio u otro,un espléndido abrigo de pieles y un ramillete de violetas de Parma. Todos parecían separados, absortos en sí mismos, ocupados en algún asunto propio.

En este momento, como tan a menudo ocurre en Londres, el tráfico quedó por completo parado y silencioso. Nadie venía por la calle; no pasaba nadie. Una hoja solitaria se destacó del plátano que crecía al final de la calle y, en medio de esta pausa y esta suspensión, cayó. En cierto modo pareció una señal, una señal que hiciese resaltar en las cosas una fuerza en la que uno no había reparado. Parecía indicarle a uno la presencia de un río que fluía, invisible, calle abajo hasta doblar la esquina y tomaba a la gente y la arrastraba en sus remolinos, de igual modo que el arroyo de Oxbridge se había llevado al estudiante en su bote y las hojas muertas. Ahora traía de un lado de la calle al otro, en diagonal, a una muchacha con botas de charol y también a un joven que llevaba un abrigo marrón; también traía un taxi; y los trajo a los tres hasta un punto situado directamente debajo de mi ventana; donde el taxi se paró y la muchacha y el joven se pararon; y subieron al taxi; y entonces el taxi se marchó deslizándose como si la corriente lo hubiese arrastrado hacia otro lugar.

El espectáculo era del todo corriente; lo que era extraño era el orden rítmico de que mi imaginación lo había dotado y el hecho de que el espectáculo corriente de dos personas bajando la calle y encontrándose en una esquina pareciera librar mi mente de cierta tensión, pensé mirando cómo el taxi daba la vuelta y se marchaba. Quizás el pensar, como yo había estado haciendo aquellos dos días, en un sexo separándolo del otro es un esfuerzo. Perturba la unidad de la mente. Ahora aquel esfuerzo había cesado y el ver a dos personas reunirse y subir a un taxi había restaurado la unidad. Desde luego, la mente es un órgano muy misterioso, pensé, volviendo a meter la cabeza dentro, sobre el que no se sabe nada en absoluto, aunque dependamos de él por completo. ¿Por qué siento que hay discordias y oposiciones en la mente, de igual modo que hay en el cuerpo tensiones producidas por causas evidentes? ¿Qué se entiende por «unidad de la mente»?, me pregunté...

Una habitación propia, de Virginia Woolf

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Piedad Bonnett: “Escribir desde las tripas es algo femenino”

“Los poetas tenemos una belleza extraña que atrae y que repugna”. Bitacora.

Para leer algunos poemas de Piedad Bonnett, abra el canguro: 

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Armonía

Oye cómo se aman los tigre
y se llena la selva con sus hondos jadeos
y se rompe la noche con sus fieros relámpagos.
Mira cómo giran los astros en la eterna
danza de la armonía y su silencio
se puebla de susurros vegetales.
Huele la espesa miel que destilan los árboles,
la leche oscura que sus hojas exudan.
El universo entero se trenza y se destrenza
en infinitas cópulas secretas.
Sabias geometrías entrelazan las formas
de dulces caracoles y de ingratas serpientes.
En el mar hay un canto de sirenas.
Toca mi piel
temblorosa de ti y expuesta a las espinas,
antes que el ritmo de mi sangre calle,
antes de que regrese al agua y a la tierra.

 

Tu nombre

Cuando el dolor ha triturado ya el último hueso de mi noche 
y sólo habla el silencio al corazón insomne que hila 
y deshila penas y memorias 
viene tu nombre hasta mi cuarto a oscuras. 
Con un galope seco viene tu nombre abriendo 
un camino entre nieblas 
instaurando sus voces sus redobles 
sus erres que retumban como un grito de guerra 
su bronco acento de campana rota. 
Tu nombre es tantas cosas: 
el recuerdo de un barco que viene de ultramar y sus tercos marinos 
el fuego entre la piedra 
gota roja 
que va tiñendo la pared del alba. 
En él puede escucharse la voz de los que creen 
con mística implacable y fe colérica. 
Pero es también dulzura tu nombre 
muro blanco donde mi mano traza los signos del sosiego 
lugar donde recuesto mi cabeza. 
Entre tu nombre y tú sin embargo un silencio 
una grieta nocturna donde anidan los pájaros.

 

Soledades

Exacto y cotidiano 
el cielo se derrama como un oscuro vino, 
se agazapa a dormir en los zaguanes, 
endurece los patios, los postigos, 
enciende las pupilas de los gatos. 
En las mezquinas calles minuciosos golpean 
los pasos de la frágil solterona 
que sabe que no hay luz en su ventana. 
En el aire hay olor a col hervida 
y detrás de la ropa que aporrea la piedra 
un canto de mujer abre la noche. 
Es la hora 
en que el joven travesti se acomoda los senos 
frente al espejo roto de la cómoda, 
y una muchacha ensaya otro peinado 
y echa esmalte en el hueco de sus medias de seda. 
Abre la viuda el closet y llora con urgencia 
entre trajes marrón y olor a naftalina, 
y un pubis fresco y unos muslos blancos 
salen del maletín del agente viajero. 
Un alboroto de ollas revuelca la cocina 
del restaurante donde un viejo duerme 
contra el sucio papel de mariposas, 
mientras como una red sin agujeros 
nos envuelve la noche por los cuatro costados.

Piedad Bonnett: “Escribir desde las tripas es algo femenino”

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Aquí y ahora (Diario de escritura) de Miguel Ángel Hernández

A lo largo de sus páginas, que se leen casi como si se tratara de una novela, Hernández construye un yo que coincide consigo mismo pero que por momentos se convierte en el personaje autónomo de una narración. «Como todos los buenos diaristas y todos los buenos narradores en primera persona –afirma Sergio del Molino en el prólogo a este diario–, Miguel Ángel sabe que quienes usan la propia vida como materia literaria son en realidad destructores de sí mismos. Hay que ser muy valiente y tener una conciencia literaria muy refinada para dispararse en la sien todas esas balas narrativas».
Fuente: http://www.mahernandez.es/narrativa-fiction/diario-de-ithaca/

Bitacora.

Para leer un fragmento de Aquí y ahora (Diario de escritura) de Miguel Ángel Hernández, abra el canguro: 

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Aquí y ahora (Diario de escritura)

Comienzas. De nuevo. Otra vez. En segunda persona. Regresa el tono. Regresa el presente cortante. Te habías prometido dejarlo. Dejarlo después de Ithaca. Dejarlo después de verte obligado a escribir. Pero hay algo que no te deja a ti. Necesitas escribir. Son tus dedos. Se mueven solos sobre el teclado y comienzan incluso antes de que tú les des permiso. O sí. Claro. Permiso. Se lo has dado mucho antes. El cuerpo, por delante de la razón. Siempre. El cuerpo piensa. Los dedos escriben. Después estás tú. Pero sólo después.

Necesitas un título. Uno nuevo. Ahora. Ya no más Presente Continuo. Ha finalizado aquel tiempo sin pausa. Ya no más Diario de Ithaca. No hay ahora un espacio diferente y exótico. Estás en casa, detrás de la ventana, encerrado en tu habitación. Se han acabado las grandes aventuras. Sólo quedan lecturas, noches largas y sesiones de escritura. Todo sucede aquí y ahora. Quizá ése sea un buen título. Al menos uno. Aquí y ahora.

Pero también hay algo en el horizonte. Un objetivo. Una novela por escribir. Eso es el futuro. El camino. La escritura por venir. Por alguna razón, cuando la escritura se vuelve futuro, necesitas también la escritura del presente. Cuando todo se proyecta hacia un tiempo que tardará en llegar, regresa la necesidad de dejar constancia de los días y las horas. Cuando la vida desaparece porque todo se convierte en un medio para un fin, la escritura reclama su presencia como fin en sí mismo. Por eso regresas al diario cuando comienzas a escribir la novela. Porque el futuro no es nada sin el presente. Porque los días se borran cuando uno mira hacia el horizonte. Porque la literatura no es nada sin la vida que hay detrás de ella. Por eso decides también el subtítulo: Diario de escritura.

Empiezas ahora, la misma semana en que abres un archivo de Word y pones título a tu novela. “Tercera novela.docx”. Un título tentativo. Aún no es nada. Tienes cientos de páginas escritas. Y varios años de reflexión sobre lo que quieres escribir. Pero aún no un comienzo como el que tiene lugar estos días, cuando decides encerrarte por fin, cuando decides comenzar a desconectar del mundo para volver a conectar contigo, cuando decides que ha llegado el momento de volver a escribir.

Veinte años. Ése es el tiempo en el que vas a vivir a partir de hoy. Una noche. Una de las más amargas de tu vida. De momento no puedes decir más. No quieres. Tampoco sabes cómo hacerlo. Pero ya está el cuaderno abierto. Y el archivo. Y el programa. Y la pantalla. Y las venas llenas de historias que ya no se aguantan a salir.

Y, sin embargo, ahora, precisamente ahora que deberías dejar fluir esa historia, ahora que deberías no mirar hacia los lados y centrar todas tus fuerzas en escribir eso que te quema por dentro, ahora, precisamente ahora, comienzas este diario.

Casi dos meses

Han pasado casi dos meses desde que regresaste de Ithaca y no has parado un momento. Has conseguido por fin una plaza de profesor titular en la universidad, has visto al Madrid ganar la Úndecima rodeado de escritores en la Feria del libro, has paseado con Mieke Bal por el Museo del Prado y la has visto demorarse con pasión en cada detalle de la pintura de El Bosco, has presentado tus ideas sobre estética migratoria en Berlín junto a Saskia Sassen, te has emborrachado con un refugiado palestino y un superviviente de la guerra de los Balcanes hasta altas horas de la madrugada, has presentado tu novela en Zaragoza y un escritor te ha mordido en el brazo, has bailado en Bilbao en el concierto de New Order y has podido ver por fin el Guggenheim, te han hecho el control de alcoholemia por primera vez en tu vida y milagrosamente has dado negativo, te has puesto tres veces corbata, has cantado en un karaoke una canción de Julio Iglesias… has regresado a casa varias veces sin saber si era tarde o temprano. Todo esto podría ser un resumen de estos dos meses. Eso y los libros que has leído. Eso y las películas que has visto. Eso y las veces que has amado. Eso y más de mil cosas. Y entre todas ellas, una que debe ser más que una línea entre todo lo ocurrido, una que, en el fondo, está en el origen de este diario que ahora retomas. Jueves 30 de junio. Diálogo con Enrique Vila-Matas en La Central. Un sueño hecho realidad.

Llegas a Barcelona con Leo la noche anterior y cenáis con unos amigos. Al día siguiente te levantas nervioso. Llevas varios días preparando el encuentro y tienes que pasar a limpio las preguntas. Mientras desayunas comienzas a ordenarlo todo y te das cuenta de que tienes allí conversación para varias horas. Has hablado en cientos de eventos, pero ninguno hasta el momento te ha puesto tan nervioso. Es el escritor al que más admiras, el que más ha influido en todo lo que escribes, es la oportunidad de conversar con él en público, pero también es la posibilidad de fracasar, de hacer el ridículo y no estar a la altura, o de querer ser más listo de la cuenta y pasarte por el otro lado.

A las cinco comienzan los nervios verdaderos. Enrique os invita a tomar café en su casa y no sabes cómo actuar. Fingir normalidad, le dices a Leo. Es la única solución. Y es lo que intentas hacer. Tocas al timbre, saludas como de toda la vida, haces la típica broma a Paula de Parma diciéndole que por fin conoces a la mujer de todas las dedicatorias, entras hasta el salón, hablas con cordialidad, comentas que en la calle hace calor, te sientas en el sofá, aceptas el café que te ofrecen, comes uno de los bombones de naranja que acompañan al café… intentas fingir normalidad. Lo haces incluso cuando miras de reojo la biblioteca, la habitación del fondo, la silla, el escritorio, los papeles sobre la mesa, el ordenador y quisieras sentarte allí un momento, en lugar de la escritura, como si fuera el trono de hierro, el espacio sagrado desde el que se domina el mundo. Normalidad, naturalidad, sí. Y en el fondo, sin embargo, todo es una actuación, una performance normalizadora.

En un momento, Enrique te pregunta: “¿cómo vas a contar esto en el diario?”. Y esa frase lo cambia todo. A partir de entonces todo se relaja. Ha leído tu diario. Te dice que le ha gustado sobre todo el epílogo de Presente continuo y la reflexión sobre los límites entre la realidad y la ficción. Te sonroja. Te hace feliz. Pero no es eso lo que lo cambia todo. Lo que realmente cambia la situación es que, a partir de entonces, la realidad, precisamente, comienza a convertirse en literatura.

¿Cómo vas a contar esto en el diario? La pregunta despierta la escritura. E, inmediatamente, el mundo desaparece para convertirse en literatura. Mientras hablas, piensas en que retomarás el diario nada más llegar a casa. Sabes que escribirás todo esto. Y de nuevo te haces dueño de la realidad. Es curioso, piensas, la escritura regresa como un arma para poner las cosas de tu lado, para naturalizar el mundo haciéndolo extraño, para alejarte de esa ficción de normalidad artificial que ya se te había empezado a notar demasiado.

Al salir de allí, Enrique te regala la edición croata de Kassel no invita a la lógica. En la portada está el perro con una pata rosa de Pierre Huyghe. Se te olvida pedirle una dedicatoria.

Llegáis los cuatro (Paula, Leo, Enrique y tú) a La Central y sigues obsesionado con cómo escribir la tarde. Estás allí, pero no estás del todo. Y eso lo hace todo más fácil. Y también más literario. Incluso la conversación en la terraza, incluso los momentos en los que no sabes qué contestar tras la respuestas ingeniosas de Enrique, incluso la presencia extraña y maléfica del Cónsul de México, incluso el micrófono silencioso que apenas transmite susurros. Todo esa tarde es literatura. Y todo esa tarde es sueño. Sueño de escritura. Y sigue siéndolo después, en la cena, en la que teméis la presencia del cónsul. Os han contado historias extrañas y desasosegantes. Pero su sitio queda vacío, justo frente a ti. Imaginas que está leyendo el libro que ha llevado al acto, que os vigila desde la sala de al lado y que llegará en el último momento para despertarte del sueño literario. Sin embargo, el cónsul nunca llega y el sueño se prolonga mientras escuchas las historias de Enrique.

¿Cómo contarás esto en el diario?, vuelve a preguntar Enrique cuando se despide. No lo sabes, no lo tienes claro; quizá sólo digas que fue un sueño. Un sueño real. Al fin y al cabo no ha ocurrido nada excepcional. Una visita, un diálogo y una cena. La excepcional es lo que no puedes contar, lo que supone para ti, todo lo que esta noche se ha cumplido. El resto es escritura. Y sucede aquí y ahora.

Seguir leyendo a Miguel Ángel Hernández, Aquí y ahora 2 (Diario de escritura)

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Saúl Ibargoyen (Montevideo, Uruguay, 1930-2019)

El poeta uruguayo Saúl Ibargoyen murió este miércoles 9 de enero a los 88 años.

Bitacora.

Para leer algunos poemas del poeta uruguayo Saúl Ibargoyen, a quien rendimos homenaje, abra el canguro: 

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LLuvia en Coyoacán

 

Detrás de los vidrios lastimados

por sudores de insectos

y la cagazón de suspiros y derrotas

y el previsible olvido

está la lluvia.

La lluvia disuelve carreteras de polvos volanderos

mete aquí sus uñas fabricadas por el frío

escupe sus lenguas de dragón moribundo

arrastra sus sandalias de papel en trituración

balbucea por los caños burbujas babeantes

expulsa orines y alimentos masacrados

perturba el idioma de los teléfonos

interrumpe colores luces nieblas siluetas

mezcla y entreteje sus gotas sus goterones

sus chorros sus escurrimientos

sus filtraciones sus violencias.

Y en sí misma se llueve

se salpica bebiéndose

y así se reconstruye.

Y el hombre sale de nuevo hacia la lluvia:

el paraguas es una sombra de metales negros

y envueltos y revolvidos en las ropas del día

dos montones de huesos quieren descansar.

 

 

Una araña tal vez

 

No es una araña jubilada

la que ordena sus estambres

en este silabario:

las mandíbulas las glándulas

no están preparadas

para un trabajo necesario

a otra especie más triste.

Tal vez pueda cantar

libre ya de tareas supuestamente asesinas.

Tal vez escuche susurros espesos

silbantes salivaciones que llegan

de otras cavernas de tela encenizada.

Tal vez haya sido

El cantado arácnido que estuvo

en el pelo entrenalguero

de la amada.

Tal vez el tarántulo enceguecido

por la hembra que sabrosamente

sabrá desayunárselo.

Entre estas sílabas dudosas

nada se encontrará

más que los tenues espasmos

de un aire resquebrajado:

partículas de absorbidos vientres

ripios de antenas roídas

células de alas silenciosas

simplemente secándose

a espaldas del sol.

 

 

La calle en septiembre

                   (para Laura Etorena, in memoriam)

 

Hasta el fondo de tu calle

de este oscuro septiembre llegan

chillidos de gorriones tardíos

puntos de polvo de inmedibles

torres despedazadas

y un silencio de incompleta primavera.

¿Qué pasos qué caminares

de qué pies casi extranjeros se mueven

debajo de tantas sustancias

que las jornadas humanas entremezclan?

¿Cuántas plumas se juntan

en cada día de un gorrión?

¿Cuántos volátiles ladrillos y cristales

se hinchan quebrando

la vertical pesadez del poderío?

¿Cuántos silencios se expanden

a través del jugo floral

que los astros provocan desde el fuego?

Nadie conoce el espesor de la propia sombra:

nadie sabe la cifra última

de su eléctrico orgasmo:

nadie entiende el tamaño cambiante

de sus latidos o lágrimas:

nadie es dueño o poseedor o propietario

de sus zapatos ni de sus eructos

ni de su cáncer ni de sus monedas

ni de su hijo visceral ni de su estiércol.

Al término de tu calle

como en una estación nocturna

palabras detenidas se acumulan

y malusados papeles y libros deshechos

y falsos pergaminos y cartones corroídos

y botellas de extraviada saliva

y manchas malolientes de perros decepcionados

y pútridos vestidos que el invierno consumió.

Y más adentro en lo inferior

de las pisadas foráneas

cada golpe del puro pie reclama

un poco de dolor para la antigua enemiga

un algo de aire ciego

para los ojos sin carne de la añeja adversaria.

Porque ésta es la calle de todos los viajes

de todos los encuentros

de toda tu piel que de pronto regresa.

Porque los pasos no estarán

ni los zapatos de fatigada extranjería

ni la ceniza con sus huesos incontables.

En tu calle que este tiempo

de septiembre oscurece

los gorriones muertos

hacen ya florecer

las plumas nuevas.

 

Luz interna

                     (para Antonio Conde)

 

En la sala amarilleada

por la fijación de la luz

alguien o álguiena percibe

los aullidos de una bacteria enferma.

El polvo no choca con esas iluminaciones

de energía congelada:

solamente penetra las fibras o raíces

del polvo extranjero que se apega

a las temblantes láminas

de cada ventanal.

Entre los blancos pies

de las sillas descalzas

alguien ocupa todavía sus zapatos

y una alguien otra se retira

con sus sandalias tensadas

por el último sudor.

Desde todas las guitarras

y todas las bocas

se descarnalizan los hedores

de un nuevo silencio.

La doliente bacteria divide su cuerpo

en dos rápidas muertes.

En la sala la luz se extiende

como una mano implacable

de confusa gelatina.

 

A los 88 años muere el poeta uruguayo Saúl Ibargoyen naturalizado mexicano.

Leer artículo completo: clic aquí

MARÍA TERESA LEÓN

“Nos traemos adentro una carga inquietante de gustos y de gestos ajenos que se nos van quedando enganchados. Y es que pasamos, pasamos constantemente sin detenernos entre cosas y gentes que nos cruzan y tampoco se detienen porque van de camino y seguimos andando y apenas nos dejan la manera de sonreír, la frase hecha, la superstición, la manía, el gesto de la mano… A veces así recogemos cosas tontas, basuras, cristales, agua o maravillas. Somos el producto de lo que los otros han irradiado de sí o perdido, pero creemos que somos nosotros. […] Somos lo que nos han hecho, lentamente, al correr tantos años. Cuando estamos definitivamente seguros de ser nosotros, nos morimos. ¡Qué lección de humildad!”

Bitacora.

Para leer un fragmento de Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar de la escritora María Teresa León abra el canguro: 

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“Hijo, ¿sabes dónde has nacido? ¿Comprendes en qué lugar has abierto los ojos? Pues estás en España. (...) ¿Traes algo entre las manos: una gota de agua salada, una canción, un caracol de las playas celestes? Hijo, voy a poner sobre tus labios un aliento, apenas, del vinillo nuevo, para que tu corazón jamás encierre amargura y halles en ti alegría que derramar sobre los que sufren adversidades y pobreza.” 

“¡Oh, libertad humana! ¿Dónde duermes? ¿Te conoce alguien? Otra vez están los frailes rescatando. ¡Qué poco dinero para tanta gente! Y fray Jorge del Olivar se queda en rehén para que manden más ducados de España. ¡Oh, libertad humana! ¿Dónde has hecho nido que nadie en Argel puede tenerte?” “...pero en Argel había demasiado sol, se embotaban las almas. Desnudaron a Miguel (para azotarlo). ¿Cómo se hace para que el pensamiento se vaya al cielo? Al cielo trató de mirar el cautivo. ¡Qué hermoso era aquel cielo, aunque fuese el de la muerte, y qué azul camino para liberarse de la vida! Pensó que la existencia era ya para él un castillo perdido donde las olas iban a estrellarse y de todo lo vivido solamente le quedaban las espumas...”

“La vida de Cervantes sigue corriendo entre malos ratos y pesadumbres. Por donde aparece el comisario real de requisa se cierran las puertas de los graneros, se quitan las ruedas a los carros, se esconden los barriles, se afilan las mujeres las uñas y la desesperación reina. Qué bonito oficio. Las razones de Miguel ¿quién puede escucharlas?” 

 

Las mujeres de la generación del 27 / Las sin sombrero

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JOSÉ EMILIO PACHECO

La vida es un ciclo cruel, en el que destruimos para sobrevivir, y a nuestra vez somos destruidos. Matamos y nos matan. Comemos y nos comen.

Bitacora.

Para leer dos poemas de José Emilio Pacheco abra el canguro: 

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"Caverna"

Es verdad que los muertos tampoco duran

Ni siquiera la muerte permanece

Todo vuelve a ser polvo

Pero la cueva preservó su entierro

Aquí están alineados

cada uno con su ofrenda

los huesos dueños de una historia secreta

Aquí sabemos a qué sabe la muerte

Aquí sabemos lo que sabe la muerte

La piedra le dio vida a esta muerte

La piedra se hizo lava de muerte

Todo está muerto

En esta cueva ni siquiera vive la muerte

 

 

"Presencia"

¿Qué va a quedar de mí cuando me muera

sino esta llave ilesa de agonía,

estas pocas palabras con que el día,

dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera

esa daga final? Acaso mía

será la noche fúnebre y vacía

que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena

de creer y de amar. El tiempo abierto,

semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena

todo lo que me salva o encadena.

Mas si alguien vive yo estaré despierto.

 

José Emilio Pacheco: su poética de la catástrofe

Leer artículo completo: clic aquí

IDA VITALE, PREMIO CERVANTES 2018

La escritora uruguaya de 95 años es representante de la poesía esencialista

Bitacora.

Para leer dos poemas de Ida Vitale abra el canguro: 

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"Cambios"

Puede cambiar la vida
sus ramas, como un árbol
cambia las suyas desde
el verde hasta el otoño.

Puede, pilar oscuro,
suplicio oscuro puede
recubrirse de frutos
como un mes de verano.

 

Ah puede también caer,
caer no sé hasta dónde,
como cae el poema,
o el amor en la noche,

hasta no sé qué fondo
duro y ciego y terrible,
tocando el agua madre
el manantial del miedo

"Exilios"

…tras tanto acá y allá yendo y viniendo.

Francisco de Aldana

Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier fisura.
No hay brújula ni voces.

Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los vuelve reales,
que los haría de solidez y pasto.

La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.

Se disuelve, tan solo.

Leer artículo

Ida Vitale, premio Cervantes 2018clic aquí

UN TIPO ESPECIAL

Enfermedad + literatura es una buena ecuación para describir las consultas de Bolaño con el doctor Vargas. “Era una persona muy amigable”, recuerda. “Diría que las consultas eran un 50% de enfermedad y un 50% de literatura. 

Bitacora.

Para leer un cuento de Roberto Bolaño abra el canguro: 

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Sucio, mal vestido
En el camino de los perros mi alma encontró
a mi corazón. Destrozado, pero vivo,
sucio, mal vestido y lleno de amor.
En el camino de los perros, allí donde no quiere ir nadie.
Un camino que sólo recorren los poetas
cuando ya no les queda nada por hacer.
¡Pero yo tenía tantas cosas que hacer todavía!
Y sin embargo allí estaba: haciéndome matar
por las hormigas rojas y también
por las hormigas negras, recorriendo las aldeas
vacías: el espanto que se elevaba
hasta tocar las estrellas.
Un chileno educado en México lo puede soportar todo,
pensaba, pero no era verdad.
Por las noches mi corazón lloraba. El río del ser, decían
unos labios afiebrados que luego descubrí eran los míos,
el río del ser, el río del ser, el éxtasis
que se pliega en la ribera de estas aldeas abandonadas.
Sumulistas y teólogos, adivinadores
y salteadores de caminos emergieron
como realidades acuáticas en medio de una realidad metálica.
Sólo la fiebre y la poesía provocan visiones.
Sólo el amor y la memoria.
No estos caminos ni estas llanuras.
No estos laberintos.
Hasta que por fin mi alma encontró a mi corazón.
Estaba enfermo, es cierto, pero estaba vivo.

 

Leer artículo

Médico de Bolaño: “El temía afrontar la enfermedad” clic aquí

Los nuevos lectores: la formación del lector literario

Se habrá acostumbrado a la diversidad de juicios posibles y al contraste de los distintos sentimientos; habrá tenido que elegir, que tomar posición [...] Se habrá visto obligado a formarse una opinión previa [...], ilustrada, madura, personal.

Jacqueline de Romilly

Bitacora.

Para leer un poco más abra el canguro: 

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Aunque nunca se ha leído tanto como ahora ni nunca han existido tantos lectores, leer no está de moda; al contrario, es una actividad muy poco valorada por la sociedad, por los medios de comunicación y, particularmente, por los jóvenes: a muchos adolescentes, de los que leen habitualmente, les da vergüenza reconocer ante sus amigos que son lectores. Por otro lado, históricamente, los grandes lectores han sido considerados como «tipos raros» o locos.

Cuando nos proponemos promover o animar la lectura, debemos recordar que leer no es un juego, sino una actividad cognitiva y comprensiva enormemente compleja, en la que intervienen el pensamiento y la memoria, así como los conocimientos previos del lector. Leer, una vez adquiridos los mecanismos que nos permiten enfrentarnos a una lectura, es querer leer, es decir, una actividad individual y voluntaria.

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Argentino Serial

Una vez fui a una escuela de Los Talas, en Berisso, que acababa de recibir un televisor y una computadora. Sólo le faltaba tener electricidad. Si lo escribís parece Macondo, pero esa es la realidad.

Jorge Goyeneche

Bitacora.

Para leer a Jorge Goyeneche abra el canguro: 

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SILENCIO

Aquí no hay ecos. La zanja,
los pozos con sus fierros trenzados se tragan como oxígeno los gritos.
Nadie verá el orín de esos metales mezclados
con tres de arena una de piedra y una de cemento.
El pasto no habrá de tiritar con la melodía del llanto
ni los acordes de la queja. Los animales
pastan lejanos y apenas si una vaca mueve su cabeza
hacia la fuente del lamento. Más tarde
irán trepando las paredes y entre sus huecos
se volarán ayes y puteadas. Y cuando la construcción
sea casi una casa,
todas las voces del novelista se colarán
entre la cal del revoque fino.
Allí estarán, a la espera.

 Argentino Serial el libro de Jorge Goyenecheclic aquí

ANDRÉS NEUMAN

“LA NARRATIVA ES UN EJERCICIO DE DISTANCIA QUE PERMITE CONTEMPLAR LO PROPIO CON MÁS LUCIDEZ” 

ANDRÉS NEUMAN

Bitacora.

Para leer un cuento de Andrés Neuman abra el canguro: 

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Héroes

El héroe de la comarca, durante un raro acceso de lucidez, comprende que está solo como sólo los buenos pueden estarlo. Cada cual tiene una misión en la vida: la suya es salvar al prójimo. Fatalidad, no por brillante, menos urgente. El héroe sabe que su deber es dar con los malvados donde quiera que estén. Sale a la calle dispuesto a todo. Mira a un lado y a otro. Avanza, retrocede. Pero no divisa a nadie en apuros. La calle resplandece de serenidad. Las avenidas respiran verdor mientras los pájaros urden sutiles tramas en el cielo. Esto es intolerable, exclama el héroe.
Furioso, justiciero, el héroe consigue colarse en la prisión de la comarca, burlar la vigilancia y liberar a una docena de malhechores que, sin salir de su asombro, se dispersan y se ocultan velozmente en los rincones más oscuros. El héroe no cabe en sí de la euforia. Regresa a casa. Se sienta a esperar. No pasa mucho tiempo hasta que unos desgarradores gritos de socorro llegan a sus oídos. Entonces se incorpora de un brinco e, indignado, el héroe aborda la calle.

Andrés Neuman: clic aquí

JULIO CORTÁZAR

Sobre la apariencia de los cronopios, Cristina Peri Rossi, gran amiga del escritor, relata que alguna vez, Julio recibió, de parte de un grupo de exiliados chilenos, un muñeco hecho a mano, con cabeza de rana, cuerpo de perro y de color verde. Tras recibir el regalo, Cortázar hizo una observación acerca del color, a él nunca se le habría ocurrido que los cronopios eran verdes. Bitacora.

Para leer Terapias de Julio Cortázar abra el canguro: 

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Terapias

    Un cronopio se recibe de médico y abre un consultorio en la calle Santiago del Estero. En seguida viene un enfermo y le cuenta cómo hay cosas que le duelen y cómo de noche no duerme y de día no come.

-Compre un gran ramo de rosas- dice el cronopio.

    El enfermo se retira sorprendido, pero compra el ramo y se cura instantáneamente. Lleno de gratitud acude al cronopio, y además de pagarle le obsequia, fino testimonio, un hermoso ramo de rosas. Apenas se ha ido el cronopio cae enfermo, le duele por todos lados, de noche no duerme y de día no come.

Julio Cortázar: clic aquí

Poesía de Saúl Ibargoyen

“Porque todo animal toda
pulsación de mugre o de energía
todo pétalo todo océano
toda mínima mancha de materia
en su momento de arder o morir
o estallar súbitamente también envejece.”Bitacora.

Para leer Días de diciembre de Saúl Ibargoyen abra el canguro: 

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Días de diciembre

        Cada mes de diciembre 
        es un punto alejándose 
        del horizonte en espiral 
        donde ha nacido. 
        Y se abre así 
        como un racimo de cristales impuros 
        como una cifra de enveses y reveses 
        sin textura ni sustancia. 
        Cada semana de diciembre 
        libera gotas granos 
        granizadas goterones 
        burbujas de polvo 
        nichos de ceniza 
        como animales destinados 
        a otras geografías. 
        Cada día de diciembre 
        se hunde en relojes de barro 
        en almanaques sedientos 
        en estructuras de espesas rutinas. 
        Cada hora de diciembre 
        golpea con un signo de metal 
        la chirriante sombra 
        de las ciudades marchitas. 
        Cada minuto de diciembre 
        se ahoga entre decenas exactas 
        de segundos y fracciones 
        como insectos devorantes. 
        Cada diciembre de cada diciembre 
        se nutre de sí 
        consumiéndose en sí mismo 
        como un astro que envejece 
        en un resplandor 
        de fuego equivocado. 

Antología primera: clic aquí

Adolfo Cárdenas: “Escribo por compulsión”

Se dice que los escritores escriben para un lector ideal, ¿cuál sería el tuyo?

 
 
Honestamente, no sé. Todas las respuestas que he leído al respecto me parecen terriblemente pedantes. A estas alturas escribo simplemente por compulsión, porque no puedo hacer otra cosa, ya es tarde. Me he acostumbrado a mirar la realidad a partir de un proyecto narrativo.

Nota de origen y más detalles: clic aquí.

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TALLERES VACACIONALES DIRIGIDOS A NIÑOS Y JÓVENES

Inscripciones abiertas para los talleres vacacionales dirigidos a niños y jóvenes. Por medio de lecturas y pautas de escritura, los talleres incentivan el amor por los libros y la literatura, a la vez que se convierten en alternativa de uso creativo de las nuevas tecnologías. Bitacora

Mayor información, abrir el canguro.

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TALLER DE CUENTO PARA NIÑOS - VIRTUAL O PRESENCIAL

Edad: 9 a 13 años.

Desarrollado en aula virtual interactiva, el taller estimula la creatividad, la sensibilidad y la imaginación de los niños a partir de tutoriales lúdicos que cultivan el amor por la lectura y la escritura, al tiempo que fomenta el uso creativo de las nuevas tecnologías.

Duración: 3 semanas, con 3 ejercicios de escritura y 3 videoconferencias en tiempo real para revisión y comentarios sobre cuentos creados.

Valor: $ 250.000 COP.

 

TALLER DE CUENTO PARA JÓVENES - VIRTUAL O PRESENCIAL

Edad: 14 a 18 años.

El taller expone la dinámica interna del cuento y diferencia sus sub-géneros (aventuras, ciencia-ficción, terror, etc.). La metodología es interactiva y personalizada, basada en tutoriales multimedia.

Duración: 3 semanas, con 3 ejercicios de escritura y 3 videoconferencias en tiempo real para revisión y comentarios sobre cuentos creados.

Valor: $ 250.000 COP.

 

TALLERES VACACIONALES DE POESÍA Y CRÓNICA PARA NIÑOS Y JÓVENES - VIRTUAL O PRESENCIAL

Un acercamiento creativo a la poesía o la crónica alrededor de tres ejes: emotividad, exploración y descubrimiento de claves creativas. En poesía se enfatiza sobre la imagen poética y la musicalidad. En crónica sobre la veracidad y la claridad narrativa. Ambos talleres tienen programas para niños (de 9 a 13 años) y jóvenes (de 14 a 18 años).

Duración: 3 semanas, con 3 ejercicios de escritura y 3 videoconferencias en tiempo real para revisión y comentarios sobre cuentos creados.

Valor: $ 250.000 COP.

Nota de origen: clic aquí.

 

ABIERTAS LAS INSCRIPCIONES PARA EL SEMINARIO-TALLER DE NARRATIVA

Abiertas las inscripciones para el seminario-taller de narrativa. Programa presencial y virtual (julio a noviembre de 2017) con la guía del escritor Jairo Andrade. Bitacora

Mayor información, abrir el canguro.

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Seminario-taller de narrativa

Programa presencial y virtual (julio a noviembre de 2017)

En paralelo al desglose de cinco obras literarias, los asistentes tendrán oportunidad de aplicar a sus textos el bagaje narrativo estudiado, con la guía del director del seminario, el escritor Jairo Andrade.

Cupo: 6 integrantes por grupo (lunes o jueves). También lo puede hacer unipersonal.

Lunes de 6 a 8:30 pm - Jueves de 10 am a 12:30 pm.

PRECIOS

Por ciclo (4 semanas): $ 250.000 pesos.

Total (5 ciclos): $1.250.000 pesos.

10% de descuento por pago total anticipado.

CONTACTO

info@tallervirtualdeescritores.com

Teléfonos: 5475062 / 3165540420

Nota de origen y más detalles: clic aquí.

 

SEMINARIO DE LITERATURA ERÓTICA EN CASA TOMADA

Seminario Claves y Signos de la Literatura Erótica con el escritor Philip Potdevin en la librería Casa Tomada a partir del 8 de agosto del 2017. Bitacora

Nota de origen y más detalles: clic aquí.

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MENSAJES DE UN ESCRITOR PARA UN LECTOR

La vida de cada uno de nosotros es una historia, narrativamente hablando cada día es una especie de cuento, de forma que todos estamos a un paso de poder contar algo. Los invito a considerar la vida de esta forma, como esa historia que tiene parte de realidad pero también tiene algo de ficción, ese es el complemento que hace que la realidad adquiera brillo propio. Bitacora.

Jairo Andrade

Para leer más entrevistas a escritores, abrir el canguro.

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Nos gusta escribir. Nos pasamos parte de nuestras horas entre ideas y hojas en blanco que se llenan con paciencia y dedicación. Buscamos información en webs, hacemos cursos de escritura, buscamos el consejo de profesionales… con el claro objetivo de mejorar y conseguir que nuestras obras vean la luz en las librerías.

Pero escribir una novela es mucho más que eso. Es sentir, escuchar, saborear, palpar, observar… y qué mejor que aprender de los mejores. Por eso hemos seleccionado algunas entrevistas que, por motivos muy diferentes, nos parecen interesantes para escritores que empiezan. ¿Por qué? Muchas veces por las figuras literarias, es decir, los escritores y escritoras que aparecen en ellas, su contenido o los conejos que se derivan de ellos. Algunas duran más de dos horas, así que tomémonos este artículo con calma. ¿Preparados?

Nota de origen: clic aquí

PRESENTACIÓN DE LA NOVELA PALABRERO, DE PHILIP POTDEVIN, EL 13 DE JULIO EN LA LIBRERÍA CASA TOMADA.

"Un llamado de justicia para lo que ocurre con el pueblo wayuu en la Wajira". El Espectador Bitacora

Mayor información, abrir el canguro.

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La Wajira vuelve a la novela con Palabrero. El Tiempo

"...un aporte llamativo a la novela colombiana y latinoamericana... Potdevin escribe con total madurez. Raymond L. Williams, Univ de california.

Esta realidad, —tan pavorosa como real—, es narrada a través de la ficción por Potdevin. EL Heraldo.

El drama wayú salta a la literatura: clic aquí.

 

RECORDANDO A CARMEN BALCELLS

Para mí lo ha sido todo. La lectura debería ser la necesidad mayor del hombre. La curiosidad, la capacidad de descubrimiento, la altura moral e intelectual de un individuo viene por los libros. Bitacora.

Carmen Balcells

La única entrevista que concedió la agente literaria a EL MUNDO. Una de las ocho que realizó en su vida. " Valgo más por lo que callo que por lo que digo", dijo en 2008.

Para leer la entrevista, abrir el canguro.

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Hasta llegar aquí han pasado semanas de gestiones y silencios. Llamadas, mails, palomas mensajeras. Carmen Balcells viene cincelada por una leyenda que tiene en la discreción las huellas de su autoridad. "Como tanta gente, valgo más por lo que callo que por lo que digo", afirma. En casi 80 años habrá concedido cinco, seis entrevistas. En casi 80 años habrá rechazado 100, 200 reportajes. "No es malo que exista la leyenda, a condición de que yo no me la crea. Seguramente me he beneficiado de ella, claro, pero lo que a mí me ha hecho ser alguien es la audacia y el saber ganarme la confianza de mis clientes", comenta con una voz suave macerada por la edad, su enérgica edad.

Un día le llamó Gabo desde México y al acabar la conversación éste le preguntó: "Carmen, ¿me quieres?". La respuesta fue, una vez más, un golpe de talento: "Mira, no te puedo contestar a eso porque supones el 36'2% de nuestra facturación". Es rápida como la sangre. Astuta como una campesina, según dijeron de ella en Le Monde.

Nota de origen: clic aquí.

 

II CONCURSO NACIONAL DE POESÍA TOMÁS VARGAS OSORIO

La Corporación Apalabrar convoca al II Concurso Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio. La recepción de las obras se realizará del 28 de abril hasta el 9 de junio de 2017.  Podrán participar escritores de nacionalidad colombiana o extranjeros residentes que puedan acreditar, como mínimo, cinco años de vivir en el país. Las obras deberán estar escritas en lengua castellana, ser originales e inéditas. Cada participante podrá concursar presentando un libro de poemas (de libre temática) que tenga como mínimo 60 cuartillas (páginas) y como máximo 100. Los originales de las obras se presentarán únicamente en formato digital (PDF). Se usarán las especificaciones: fuente Arial, de 12 puntos, con espaciado de 1,5. Bitácora.

Podrán enviar sus trabajos al siguiente correo: concursodepoesiatomasvargas@gmail.com

Nota de origen: clic aquí.

Para leer las bases completas del concurso, abrir el canguro.

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Podrán participar escritores de nacionalidad colombiana o extranjeros residentes que puedan acreditar, como mínimo, cinco años de vivir en el país. No pueden participar los ganadores de la edición anterior.

Las obras deberán estar escritas en lengua castellana, ser originales e inéditas, (no pueden haber sido publicadas, total o parcialmente, en ningún medio físico o electrónico).

Cada participante podrá concursar presentando un libro de poemas (de libre temática) que tenga como mínimo 60 cuartillas (páginas) y como máximo 100. Se deberá utilizar las siguientes especificaciones: fuente Arial, de 12 puntos, con espaciado de 1,5. El archivo debe estar en formato PDF.

Los originales de las obras se presentarán únicamente en formato digital. Podrán enviar sus trabajos al siguiente correo: concursodepoesiatomasvargas@gmail.com (En un archivo adjunto enviará las obras firmadas con seudónimo y en otro archivo, en el mismo correo, sus datos personales: nombres y apellidos, seudónimo, dirección, teléfono, correo electrónico, breve currículo y documento de identidad escaneado).

El plazo de admisión de las obras estará abierto desde el 28 de abril y cerrará el 9 de junio de 2017. Se premiarán una (1) obra ganadora, siendo los incentivos de la siguiente manera:

* 6.000.000 (seis millones) de pesos colombianos.

* Una medalla- emblema de Tomás Vargas Osorio.

* Una escultura de un artista santandereano.

Se otorgarán Menciones de Honor, según el jurado considere pertinente, pero no serán respaldadas por metálico.

Se constituirá un jurado integrado por escritores nacionales o internacionales de reconocido prestigio en el género convocado por el Concurso. El fallo del jurado será inapelable y se dará a conocer a través de los medios masivos de comunicación y en la página oficial del Concurso, el 25 de julio del presente año. La premiación se llevará a cabo el 11 de agosto. La organización del concurso solventará los gastos de asistencia del respectivo ganador.

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DOS CUENTOS DE EVELIO ROSERO: MIEDO Y LA CASA

Miedo

Una vez llamó a su casa, por teléfono, y se contestó él mismo. No pudo creerlo, y colgó. Volvió a intentarlo y nuevamente volvió a escuchar su propia voz, respondiendo. Entonces tuvo el coraje de preguntar por él mismo y su propia voz le dijo que no siguiera insistiendo porque él mismo nunca más iba a volver. “Con quién hablo”, preguntó, por fin, y escuchó, anonadado, lo que nunca debió oír. ¿Qué escuchó? Nadie lo sabe, pero debió ser algo terrible porque él no pudo controlar la carcajada creciente, asfixiándolo. Al día siguiente los periódicos no registraron la noticia, cosa lamentable si se tiene en cuenta que todo periodismo de verdad consiste en ir más allá de lo aparente, hasta la verdad total, y más si el hecho tiene que ver acaso con un problema de orden metafísico en la compañía de teléfonos. Usted mismo podría indagar la realidad de este suceso, exponiéndose —eso sí, por su propio riesgo— a que todos los teléfonos se confabulen una tarde contra usted y lo silencien, definitivamente.

Nota de origen: clic aquí.Bitácora

Para leer el cuento La casa, abrir el canguro.

Conocer más de este autor colombiano: Entrevista con Evelio Rosero

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La casa

He aquí una casa loca, cuyas escaleras no conducen a nada. Uno abre la puerta y cree entrar y en realidad ha salido. Pero cuando uno cree salir sucede lo contrario: uno ha entrado. Y la mayoría de las veces uno no se explica a dónde ha llegado, o qué ha sido del cuerpo de uno en esta casa. Las ventanas tienen la peculiaridad de no mirar hacia afuera sino hacia adentro. Todos los muebles cuelgan a medio metro del techo principal. De manera que para llegar a ellos es necesaria la imposibilidad de volar, o un salto largo y elástico que le permita a uno aferrarse de una silla, por ejemplo, y luego escalarla y sentarse en ella, como en un peligroso columpio. Y lo peor ocurre cuando cada uno de los movimientos oscilantes de los muebles tiende a vencer el equilibrio de los ocupantes, de manera que muchos se han despedazado intentando resistir más de una hora sentados en el mismo sitio. Todos los muebles confabulan sus movimientos para desbaratar a sus ocupantes, y ya se sabe que los muebles flotantes procuran sobre todo que los cuerpos sean derrotados de cabeza; nadie ha podido saltar incólume. Siempre, en la caída, hay otro mueble oscilante que se las arregla para que el cuerpo en condena se estrelle de cabeza contra el suelo.

A pesar de estas aparentes incomodidades, se escuchan, en la casa, cuando cae la noche, muchas voces y risas, y chocar de copas (y muebles). Nadie ve llegar a los invitados, y tampoco salir, y eso se debe seguramente a la otra originalidad de la puerta, que da la sensación de permitir entrar y salir al mismo tiempo, sin que verdaderamente se haya salido o entrado. Nadie sabe, además, quién es el dueño o quiénes habitan la casa permanentemente. Alguien nos cuenta que vive una pareja de niños. Otros aseguran que no son niños, sino enanos: de lo contrario no se justificarían las fiestas de siempre, escandalizadas por las exclamaciones más obscenas que sea posible imaginar. Hay quienes afirman que nadie vive en la casa, y que en caso contrario no serían niños y tampoco enanos sus habitantes, sino dos jorobadas dementes. Ni unos ni otros dicen la verdad. No han acabado de entender que todos son en realidad mis habitantes, que están dentro de mí como también yo estoy dentro de ellos, que yo soy algo vivo, y que a pesar de todas las vueltas que puedan dar por el mundo quizá nunca les sea posible abandonar mi tiranía para siempre, porque también yo estoy dentro de mí.

Nota de origen: http://www.otraparte.org/actividades/literatura/evelio-rosero.html

 

Taller Virtual de Escritores

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